Chihuahua Turístico

PALACIO FEDERAL HOY; MUSEO CASA CHIHUAHUA

En 1718, la Compañía de Jesús realizó las gestiones para la construcción del seminario de la orden y, a su costado, la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto.

PALACIO FEDERAL

En 1718, la Compañía de Jesús realizó las gestiones para la construcción del seminario de la orden y, a su costado, la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto. En 1767, tras la expulsión de los miembros de la Compañía de Jesús del país, la Comandancia de las Provincias Internas decidió que parte del colegio se convirtiera en Real Hospital Militar. En 1811 varios cuartos del hospital fueron prisión de algunos de los caudillos insurgentes, entre ellos de Don Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador de movimiento de independencia.

En 1885, José Cordero, rico comerciante de Chihuahua, compró el edificio, y al poco tiempo lo vendió al Estado de Chihuahua. Uno de los espacios que ocupaba la plaza del ex colegio fue arrendado al gobierno federal para construir y establecer la Casa de Moneda.

Tras la demolición de la Casa de Moneda se inauguró en ese mismo lugar en 1910 el Palacio Federal, edificio porfiriano construido con motivo de las festividades del centenario de la Independencia Nacional. Una de las torres de la iglesia que resistió el paso del tiempo se conserva dentro del soberbio edificio como huella de un pasado lejano que ha desafiado el tiempo y es ahora recuerdo de la prisión del Padre de la Patria.

El Palacio Federal funcionó como oficina de correos por un largo periodo, siendo posteriormente restaurado e inaugurado el 17 de noviembre del 2007 para funcionar como un espacio orientado hacia la conservación y difusión del patrimonio chihuahuense.

El Palacio federal, hoy rebautizado como Centro de Patrimonio Cultural, Casa Chihuahua, fue inaugurado en 1910, meses antes del estallido revolucionario maderista. El edificio albergó durante años a las oficinas de Correos y Telégrafos, así como otras oficinas federales, hasta que finalmente fue donado por el gobierno federal al gobierno local.

El terreno en el que se ubica este edificio porfiriano fue anteriormente asiento del colegio jesuita y de la casa de moneda. La demolición del edificio estuvo a cargo de Matías Babinsky. La picota respetó el calabozo donde permaneció Miguel Hidalgo antes de su fusilamiento. Este sitio histórico quedó en el nuevo edificio como testimonio de la gesta insurgente.

La idea de edificar un Palacio de Gobierno Federal surgió del gobernador del estado Enrique C. Creel, que lo propuso a José Yves Limantour, a la sazón secretario de Hacienda del Gobierno de Porfirio Díaz.

Creel le envió a Limantour un proyecto artístico del inglés Alfred Giles, quien construyó en Chihuahua importantes edificios, como la Penitenciaría y la Presidencia Municipal. El secretario de Hacienda, que era amigo personal del gobernador, aceptó la construcción, pero encargó la obra al ingeniero Mauricio M. Campos y a su socio Gerardo Alcorta.

El independiente y combativo periódico chihuahuense El Norte, de Silvestre Terrazas, informaba el 11 de junio de 1906 como sería el nuevo edificio diseñado por el arquitecto William A. Bird:

El primer piso

Entrando por el frente se encontrará desde luego a la izquierda, el acceso a lo que fue la prisión de Hidalgo; y por la derecha, la escalera que llevará al piso alto. Entre estos dos departamentos se abre la puerta del hall amplio y con una altura de veinte metros; a la derecha quedarán los departamentos de estampillas postales y enfrente de éste las oficinas de Telégrafo, y en medio las cajas de apartado.

La parte alta

En el segundo piso serán instaladas las oficinas de la jefatura de Hacienda, de la Renta del Timbre, Agencia de Minería y terrenos Baldíos y las militares.

El costo del edificio será de medio millón de pesos, costo que incluye el valor de los muebles.

El esqueleto será de fierro de la Fundición de Monterrey.

El estilo arquitectónico del edificio es un griego compuesto cuyas características son seriedad en el conjunto, sobriedad de adornos en los detalles y apariencia majestuosa.

La fachada que da a la calle Libertad tiene en la pared central un pórtico saliente con amplia escalinata y dos torreones que servirán para encerrar la torre que sirvió de prisión a Hidalgo.

A ambos lados del pórtico al que se abren dos anchos balcones y dos grandes puertas, hay tres ventanas y tres balcones dominando la altura de la cúpula de cristales de un hall o rotonda que será ocupado por la Oficina de Correos y Telégrafos.

Como decoración lleva cuatro alegorías de bronce. Dos a ambos lados de la escalinata, representando la Independencia t La Paz, y en la parte superior, correspondiendo a éstas, El Comercio y La Industria.

El gobernador que inauguró el edificio no fue Creel sino Sánchez, que era el gobernador sustituto, ya que el primero se desempeñaba en ese momento como secretario de Relaciones Exteriores.

El Palacio Federal fue escenario de diversos eventos históricos de la ciudad, como el desfile con que se celebró la derrota de Orozco a manos del ejército de Huerta, la aparición del gobernador González después del levantamiento orozquista y el mitin de protesta por el crimen del padre Maldonado.

 

ALGO SOBRE CHIHUAHUA

Se localiza al norte de México y tiene una superficie de 247.938 km².

EL ESTADO DE CHIHUAHUA

Chihuahua se localiza al norte de México y tiene una superficie de 247.938 km², lo cual lo convierte en el estado más extenso del país.

El estado limita al norte con los estados de Nuevo México y Texas (Estados Unidos); al oeste con los estados de Sonora y Sinaloa, al sur con Durango y al este con Coahuila.

El estado de Chihuahua se divide en 67 municipios. Su capital lleva el mismo nombre, Chihuahua, y su ciudad más poblada es Ciudad Juárez, ubicada en la frontera, frente a El Paso, Texas. Otras ciudades importantes del estado son Cuauhtémoc, Delicias, Parral, Nuevo Casas Grandes, Camargo y Jiménez.

Datos curiosos:

CHIGUAGUA O XICUAHUA

De todas las versiones existentes sobre el origen de esta palabra que simboliza a nuestra ciudad, están algunas fuera de contexto, y se evaluara a la que sea la más probable.

Todo parece indicar que el capitán Diego del Castillo en 1652, cuando descubrió una veta de plata en Tabalaopa, dijo en su denuncio de la mina, que ésta se encontraba cerca de Chiguagua, así lo redacto en virtud de que, quien se lo dijo tal vez no sabía ni como se escribía, y así lo encontramos ocasionalmente también escrito de esta manera en documentos todavía en 1776, cuando era comandante de Las Provincias Internas, el caballero Teodoro de Croix.

De los vestigios urbanos del viejo Chihuahua, un pretérito asentamiento indígena probablemente azteca, que se localiza en la Sierra de Santa Eulalia y que algún autor denomino como Xicuahua, existen apreciaciones erróneas, en la traducción o en la similitud con el territorio que se pretende identificar.

El paisaje de la región de referencia, estaba constituido por especies vegetales de encino y no dejaban espacios para cultivar otro tipo de vegetales, como el fríjol, amaranto, maíz, o calabaza parte fundamental de la dieta vegetal de los indígenas nahuatlecas.

Si los indígenas hubiesen tenido como forma de explotación económica a la minería estaban ubicados sobre un gran potencial que les hubiera permitido destacar sobre otras etnias indígenas vecinas como eran los indios Chinarras (en Aldama), los Yolis (en Nombre de Dios), los Raramuris (en Bacochi, hoy es la ciudad de Chihuahua), o los Julimes (en el Río San Pedro), que eran los únicos residentes en toda esta región y muy probablemente por su ubicación en la Sierra de Santa Eulalia, la pequeña comunidad de Cíhuahua, estaría convertida en una gran población que ahora sería conocida muy probablemente como “Cíhuahuatepec” que tiene un bonito significado “La Montaña de la Mujer del Encino” y su glifo o sea la representación gráfica seria con los tres elementos que la conforman, la Mujer, el encino y Tepec que significa cerro o montaña, observándose de la siguiente manera.

CIHUAHUA O CHIHUAHUA

El historiador Chihuahuense don Francisco Rosario Almada A. es quien enumera 5 acepciones, de la palabra Chihuahua, sin validar ninguna de ellas, sobre el origen de esta denominación de las cuales son tan dispersas como el decir que Chihuahua significa Costalera, lugar de fábricas, etc. Pero la que más se aproxima a nuestro entorno geográfico, es la que se interpreta como lugar seco y arenoso, pero en la Sierra de Santa Eulalia, en el viejo Chihuahua, de donde se propone procede esta palabra, esta; será seca pero no arenosa, tal vez la duda se presenta en la forma en que se ha manejado la manera de interpretar como se describía lo que se quería decir y por eso se supone se escribía Xicuahua, palabra para la cual no se ha encontrado interpretación alguna, pero si lo escribimos Cihuahua, si tiene una equivalencia en la lengua Nahuatl que significa Cihuatl =mujer, y Ahuatl =encino.

Si en el viejo Chihuahua, que así llaman los lugareños a esta parte de esa sierra, existía una pequeña comunidad de la cual no sabemos Con certeza su ascendencia , lo que sí es lógico suponer; es que la habitaran también mujeres y tal vez sobresalía una en especial y por supuesto la vegetación en ese tiempo lo constituían los bosques de encino, donde actualmente son escasos ya que se puede justificar por el constante aumento de la población, ya que este árbol servía como combustible, y que siempre ha sido utilizado su fuego, para preparar los alimentos en la cocina y durante el invierno como calentón.

De esta manera la palabra Cihuahua significa “Mujer del Encino”; será que con el paso de más de 350 años de uso y abuso, en la evolución fonética y escrita, de que fue uso por parte de los españoles que nos invadieron, y que hemos heredado lo que ahora la conocemos como CHIHUAHUA.

Pero existe una deuda histórica que algunos historiadores no reconocen y entre más pasa el tiempo casi se ha olvidado, y es que también existió un pequeño asentamiento Raramuri en donde ahora encontramos las fuentes danzarinas en el centro de la ciudad de chihuahua, que era llamado por los indígenas BACOCHI, que en su dialecto significa junto al Río, y que fue muy cerca de ellos, donde los religiosos Jesuitas en 1717 construyeron la Iglesia de nuestra señora de Loreto (hoy Museo Casa Chihuahua). Los indígenas por su idiosincrasia de permanecer alejados de los chabochis se fueron retirando a otros lugares más inaccesibles, quedando en forma definitiva en lo que hoy conocemos como el Palomar.

LO QUE SE CONOCE ACTUALMENTE COMO LA CIUDAD DE CHIHUAHUA

El territorio donde actualmente se encuentra asentada nuestra ciudad estuvo habitado durante la época precolombina por grupos indígenas de cazadores, recolectores y nómadas –despectivamente llamados chichimeca y en su mayoría, eran étnicamente pertenecientes a la familia sonorense ópata-pima, con excepción de los que habitaron los conjuntos habitacionales de la región de Paquimé, en el municipio de Casas Grandes.

De entre los más de 100 diferentes grupos indígenas que en su vida nómada pudieron haber pasado por nuestra ciudad sin establecer asentamientos definitivos se destacan indudablemente los apaches y los comanches; sin embargo, al parecer los únicos que se instalaron en esta región en forma más o menos permanente fueron los rarámuris, quienes se establecieron en las localidades por ellos bautizados como Bacochi y, más al noroeste, Chuvíscar; así como sus muy cercanos vecinos: los indios Yolis (grupo de los chinarras) localizados en Navocoloaba, en la margen derecha del río Sacramento, en Nombre de Dios.

Es conveniente mencionar que, indistintamente y durante mucho tiempo, los invasores españoles consideraron como indios conchos a todos los indígenas que veían, debido al hecho histórico acaecido en 1559 de encontrar conchas en el río florido.

Cabe señalar, además que todo el valle que ahora ocupa la ciudad de Chihuahua se localiza entre llanuras y montañas delimitadas por las sierras conocidas como Sierra de Santa Eulalia, donde se encuentran restos de Xicuucua: construcciones urbanas del Viejo Chihuahua; Sierra de Gómez; Sierra de Nombre de Dios (Sierra de Chilicote), y la Sierra Azulada (o de Majalca).

FRANCISCO DE IBARRA.- nació en la Villa de ´Eibar, provincia de Guipúzcoa, en la región Vasca, en 1539, Vino a México acompañado de su tío Diego de Ibarra, quien era suegro del Virrey Luís de Velasco, motivo por el cual realizó varias expediciones al norte de Zacatecas, y a lo que después serían los Estados de, Durango y Chihuahua.

Conducido por su ambición y tomando como antecedente la creencia en la mítica ciudad de Cíbola, afirmada en el libro “Naufragios” de Alvar Núñez ‘Cabeza de Vaca’, explorador español que recorrió territorio chihuahuense en 1533, Francisco de Ibarra, como Gobernador de la Nueva Vizcaya, partió en 1564 desde su base en la Valle de San Juan, en Sinaloa, llegando un año más tarde, a Paquimé, la cual para esa fecha ya se encontraba deshabitada, de tal modo que Ibarra no le quedó más alternativa que imaginar la grandeza alcanzada por esta civilización.

Estando en Paquimé, Ibarra cuestionó a sus acompañantes sobre la pertinencia de continuar su ruta aún más hacia el Norte o el hecho de decidir su regreso a Sinaloa, disyuntiva en cuya resolución adquirió fundamental importancia la experiencia militar adversa experimentada contra los indígenas sisibotaris, de Sonora; por lo cual Francisco de Ibarra y algunos jerarcas militares deciden tomar la vía del regreso a su base en el Valle de San Juan. Su partida, no obstante, no se efectúa desde la localidad de Paquimé, sino un poco más al sur, lo cual le brinda la posibilidad, durante el regreso, de otorgar nombre a varias localidades como Nombre de Dios y San Juan Bautista del Norte (primeros dos asentamientos de la ciudad de Chihuahua, los cuales se localizan actualmente al norte de la ciudad), antes de que Ibarra atravesara la Sierra Madre Occidental por una parte más accesible, y de su posterior muerte por tuberculosis, debido a los problemas de salud desencadenados por la falta de alimentos y ropa de invierno adecuada durante el mismo trayecto.

De esto, cabe destacar el hecho de que las nomenclaturas asignadas por Ibarra a Nombre de Dios y a Barrio del Norte fueron respetadas por las expediciones futuras, pues no existe un documento de decreto formal de sus fundaciones como poblados, ya que estos eran habitados por indígenas, y no quedaron en ellos personas civiles o militares que como colonos radicaran ahí en forma permanente.

LOS PRIMEROS EXPLORADORES Y DESCUBRIMIENTOS MINEROS

1565.- Tomando como antecedentes la afirmación del Reino de Quivira, de acuerdo con los avances de expediciones como la de Francisco Vázquez Coronado –descubridor y fundador de Nuevo México, y quien recorrió la región costera de Sinaloa y Sonora-, y con la también afirmación de la existencia de la fantástica ciudad de Cíbola, descrita por Alvar Núñez Cabeza de Vaca durante su paso por el septentrión de los territorios por los españoles antes desconocidos, Fray Agustín Rodríguez decidió realizar también otro viaje de conocimiento por el vasto territorio de Chihuahua y de Nuevo México desde la misión de San Francisco, en San Bartolomé (hoy Valle de Allende), para lo cual continuó un recorrido en línea recta hacia el Norte, lo que permitió establecer puntos de orientación y posibles rutas de traslado, las cuales seguirían en su trayecto los futuros expedicioncitas.

En una segunda ocasión, en 1581, debido a su conocimiento de la región acompaño a Francisco Sánchez Chamuscado en su expedición al Norte, la cual fue iniciada por el río de las conchas y continuada por la zona de confluencia con el río al que bautizó como ‘turbio’ (Río Bravo). Se conoce el Chamuscado, Fray Agustín Rodríguez decidió quedarse a evangelizar en la región junto con otros dos religiosos franciscanos; no obstante, se carece de una versión completa o unívoca de lo sucedido, pues estos religiosos fueron asesinados por los indígenas, de lo cual se derivó la noción de que todos los indios de la Nueva Vizcaya, eran “los bárbaros del Norte”.

De acuerdo con instrucciones dadas por los reyes católicos de tomar posesión del territorio de Nuevo México para la Corona Española, salió en 1597 desde la Nueva Galicia una expedición encabezada por Juan de Oñate, la cual habría de atravesar los territorios de lo que hoy es Zacatecas y Durango, y que le permitiría a Oñate llegar a las frondosas arboledas de (Navocoloaba) hoy Nombre de Dios, junto al asentamiento indígena de los Yolis existente desde antes de 1565.

Oñate ordenó, enconces, construir una capilla con troncos; dedicada a San Cristóbal santo patrono de los viajeros, y ésta quedó bajo la custodia de dos religiosos franciscanos. Asimismo, el río Navocoloaba que sirviera para bautizar naturales se le conoce ahora como ‘Río Sacramento’; de lo cual, el poeta criollo Miguel de Villagrá, quien acompañaba al militar, se expresó en estos términos:

“Hasta llegar al agua que llamaron Del Santo Sacramento, cuyo nombre los padres religiosos le pusieron…”.

Es menester mencionar al primer escritor que se ocupó del paisaje chihuahuense, cuyos textos pueden encontrase en su libro “Historia de Nuevo México o cantos de carácter épico”, el cual, si bien no es considerado muy poético, si constituye, en cambio, una descripción de los hechos en los que participó como actor y testigo.

La caravana de exploradores hispanos continuó después del viaje de Oñate hasta llegar a su primer asentamiento formal llamado San Juan Pueblo, y posteriormente a su meta, Santa Fe, en Nuevo México, con lo que se concluyó de esta manera la constitución del Camino Real de Tierra Adentro, ruta comercial de 2560 km. de longitud que unía a la ciudad de México con la de Santa Fe.

El dominio de los españoles por sobre los indígenas de las diversas regiones del territorio nacional no fue siempre fácil, pues muchos de éstos grupos los enfrentaron en múltiples ocasiones. En la Nueva Vizcaya las confrontaciones son iniciadas en 1616, con los indios Tepehuanes, indígenas que se localizaban al sur del estado de Chihuahua, y que fueron seguidos en varias ocasiones por los Rarámuris, aun cuando los que presentaron la más prolongada resistencia, hasta 1881, fueron los apaches.

Un buen ejemplo de esta resistencia lo constituyen los indios yolis de Nombre de Dios, quienes en 1645 se revelaron incendiando la capilla de troncos dedicada a San Cristóbal construida por Oñate.

Por otra parte, el 4 de julio de 1646, la fama de ricos yacimientos argentíferos al Norte hizo que, procedentes también de San Bartolomé (Valle de Allende), el Capitán Ambrosio Sáenz de Chávez, descubriera una veta de mineral situada en los márgenes del río Sacramento, a la que denominó “Mina Sacramento”.

Asimismo, el 26 de marzo de 1652, el Capitán Diego del Castillo, hijo del terrateniente Alonso Diego del Castillo, presentó registro de una veta mineral y de un ojo de agua en la zona de Tabalaopa, los cuales, al estar ubicados en la región denominada Chiguagua, fueron bautizados como “minas de Chiguagua”. Fue así como Castillo dio a conocer por primera vez entre los hispanos la nomenclatura que más tarde designaría a nuestro Estado y Ciudad.

En 1653, el mismo Diego del Castillo se encargó de fundar Santa Eulalia de Chiguagua, (hoy conocida como Aquiles Serdán).

Para 1652, continuaron presentándose denuncias de vetas de minerales, de tierras y de aguas y fue en la localidad de Chihuahua donde se instalaron las diversas haciendas de beneficio de metales, lo que determinó que muchos españoles acudieran a la región en busca de fortuna.

Con el avance territorial de los españoles, los indígenas, especialmente los Rarámuris, optaron por refugiarse en lugares más inaccesibles, como las barrancas de la Sierra Tarahumara. Así, la localidad llamada por los Rarámuris Bacochi, fueron gradualmente desplazándose hacia los acantilados de tierra que formo el río Chuviscar, y que se observaron todavía durante el siglo pasado, al Poniente, y es conocido como “el Palimar”.

Más tarde, en 1678, los religiosos franciscanos de Nombre de Dios reconstruyeron con adobes la Iglesia y Misión de Nombre de Dios de San Cristóbal, misma que había sido quemada en 1645 por los indígenas yolis.

20 de junio de 1678, por merced real son otorgados en propiedad los terrenos del asentamiento indígena Bacochi a Diego Cano de los Ríos. Dicha propiedad incluía la mayor parte de las tierras donde se asienta actualmente la ciudad de Chihuahua. Su heredero, Blas Cano de los Ríos (Teniente de Alcalde Mayor de Nombre de Dios) los vendió a Ildefonso Irigoyen.

A partir de 1700, la acción colonizadora comenzó a cubrir las riberas de los ríos Chuviscar y Sacramento, con asentamientos permanentes de españoles en territorios como Nombre de Dios, El Sauz, Encinillas, Sacramento, Labor de Dolores (después Labor de Trías y Labor de Terrazas; hoy solamente Quinta Carolina), Barrio del Norte y Tabaloapa; aunque la mayor concentración hispana estuvo ubicada en lo que hoy es la ciudad de Chihuagua, donde establecieron plantas de beneficio como la de San Francisco de Asís, “Guadalupe”, la Concepción y San Juan Bautista, todas ellas a la orilla derecha del río Chuviscar y con anteriores a Nuestra Señora de la Regla, de Trasviña y Retes.

Con estos antecedentes, queda establecido que los peninsulares fueron apoderándose de la mejor área habitable, por lo que resulta conveniente detallar cómo la zona que ahora es denominada Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua fue desarrollándose y adquiriendo importancia.

En 1707, Fray Francisco Muñoz construyó un hospicio en la calle Elvira, en la localidad de San Francisco de Chiguagua, como era conocida la ciudad entre los religiosos. Destaca de esta fundación el establecimiento forma de la Orden de los Franciscanos, en virtud de que no tenían aún autorización para construir un templo.

También en 1707 fue iniciada la construcción del primer monumento urbano que caracterizó y dio principio al Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua: el Templo de San Francisco de Asís, hoy Catedral, cuya erección estuvo a cargo de Juan Antonio Trasviña y Retes y que fue terminada en 1714.

LA VILLA, EL REAL Y LA CIUDAD

En 1709, el entonces Gobernador de la Nueva Vizcaya, Antonio Deza y Ulloa, recorrió la región y, para resolver la disyuntiva del lugar de establecimiento de la cabecera administrativa, pidió por escrito la opinión de 16 importantes residentes, pero al quedar las opiniones de éstos divididas en igual número, a él correspondió determinar dónde se instalaría la cabecera Municipal: en decreto firmado el 12 de octubre decidió establecer “Real de Minas de San Francisco de Cuellar”, en le lugar de confluencia de los ríos del valle. La nomenclatura fue conformada por los nombres de San Francisco de Asís y de Francisco Fernández de la Cueva, Virrey de la Nueva España.

El 4 de octubre de 1717, José de Orio y Zubiate organizó las primeras fiestas populares en honor a San Francisco de Asís, el cual fungió, desde entonces, como santo patrono de la población.

En 1718, la Compañía de Jesús, por conducto de Fray Luís Mancuso obtuvo un permiso especial del Virrey Marqués de Balero: una licencia para establecer un seminario o un colegio de la Compañía de Jesús en el Real de Minas, localidad que los frailes franciscanos consideraban de su jurisdicción espiritual; sin embargo, con el argumento de la existencia de una comunidad Rarámuri llamada por los indígenas Bacochi, el Virrey no dudó en otorgar tal permiso, acción que le valió la oposición terminante de los franciscanos.

El mismo año, Doña María Apresa de Neyra encabezó la colecta de donativos con objeto de dar inicio a la construcción del Seminario o Colegio, y del Templo de Nuestra Señora de Loreto, obteniendo de José de Orio y Zubiate, y de Manuel de San Juan y Santa Cruz las cantidades de $54, 000.00 y $30, 000.00, respectivamente. La construcción dio inicio en terrenos parcialmente donados por el ayuntamiento, a los cuales se agregaron otros dos lotes comprados a José Antonio Miranda y a José Antonio del Villar. En la actualidad, ese complejo urbano no existe pero su superficie original se encuentra ocupada en el Palacio Federal (Museo Casa Chihuahua), la calle Libertad, y el edificio de Palacio de Gobierno.

También en 1718, el Coronel Juan Phelipe de Orozco, ex gobernador de la Nueva Vizcaya y residente de la ciudad de Chihuahua, por iniciativa propia y por medio de sus influencias políticas, gestionó ante el Virrey de la Nueva España, Baltasar de Zúñiga, la sustitución de la nomenclatura de Real de Francisco de Cuéllar por la de Villa de San Phelipe el Real de Chihuahua, modificación que, sin la autorización del Rey Phelipe V de España, fue anunciada en decreto de 1 de octubre, lo que provocó una reprimenda Real al Virrey, a quien, sin embargo, ayudo la justificación de asignar a la Villa el nombre de San Phelipe el Real de Chihuahua. Orozco propuso también la sustitución de las letras “g” de la palabra “Chiguagua”, por la letra “h”, con objeto de establecer una diferencia con las de las de Santa Eulalia de Chiguagua. La localidad adquirió, de tal forma, su particular identidad, hecho que se agregó con la obtención de la independencia administrativa de la Audiencia de Guadalajara, de la que había dependido por más de 70 años, iniciada con el denuncio de la Mina de Sacramento, efectuado en 1646.

De tal modo, el 21 de diciembre del mismo año inicio actividades el primer Ayuntamiento de la ciudad de Chihuahua. Encabezado por José de Orio y Zubiate, Alcalde de primer voto, por Eugenio Ramírez Calderón, Alcalde de segundo voto, y por el corregidor Juan Phelipe de Orozco. La primera actividad realizada fue la definición del Fundo Legal que incluía Santa Eulalia, Julimes, Santa Cruz de Tapacolmes (Rosales), Encinillas, San Jerónimo, (Aldama), Carretas (Gran Morelos), Santa Isabel (General Ángel Trías A.), Babonoyaba y Satevó.

La segunda actividad consistió en iniciar la construcción de las Casas Consistoriales del recién instaurado Gobierno, el cual requería de espacios administrativos; necesidad que fue resuelta con la construcción de las llamadas Casas Reales, las que estaban conformadas por:

Una sala capitular, destinada a las reuniones del Cabildo.

Una sala para el Oficio Publico, espacio destinado al Escribano Real y albergar el Archivo del Ayuntamiento.

Una alhóndiga o bodega para almacenar los granos cosechados que serían vendidos a la población.

Una Oficina de Ensaye, destinado a la quinta de la producción minera.

Un espacio destinado para el apartamento o reclusión de los ciudadanos que infringieran las disposiciones del bando del buen gobierno. Es decir, una Cárcel Pública.

El área del escribano se localizaba en lo que ahora son las calles de Independencia y Libertad, espacio que, más tarde, fue ocupado por la Jefatura del Distrito Iturbide, y que, en 1824, funcionó como Cámara de Diputados o sede del Poder Legislativo, hasta que, el 31 de marzo de 1892, comenzó a funcionar como Palacio de Gobierno. A principios de 1900 esta esquina fue rentada al italiano José Antolini, quien instaló un negocio de joyería, florería y óptica llamado “La Violeta”. En 1865, la parte de este edificio que da a la ahora calle Guadalupe Victoria, área donde solían ubicarse las bodegas que surtían los granos de maíz y frijol, fue vendida a Antonio Asunsolo, con objeto de emplear el dinero de la venta para atender los gastos del viaje del Presidente Benito Juárez a Paso del Norte. Asunsolo posteriormente vendió este mismo sector de la propiedad a Luís Terrazas Fuentes, quien lo utilizaría después, para establecer el Banco Minero en sociedad con su yerno Enrique Clay Creel. En 1904, el entonces gobernador Creel vendió la esquina de Independencia y Libertad al Banco Nacional de México, el cual, con el tiempo, pretendió apropiarse todo el edificio.

En 1720, el Coronel Juan Phelipe de Orozco y Molina propuso ante el Ayuntamiento la reconstrucción de un edificio más adecuado para el funcionamiento de las Casas Reales; las obras propuestas fueron concluidas hasta el año de 1733.

En 1721, los franciscanos fundaron la primer escuela básica en el Real; su hospicio lo dedicaron a la enseñanza de las primeras letras. Durante el mismo año, iniciaron, además, la construcción del templo dedicado a San José, en el hospicio de San Francisco, el cual se bendijo y consagró el 4 de octubre de 1726, y cuya edificación concluyó hasta 1740, y 1741, si se considera su torre. La capilla anexa de San Antonio fue agregada en 1738.

Con el propósito de erigir La Catedral, en 1725, el Cabildo aprobó la ampliación del Templo Parroquial dedicado a San Francisco, el cual fue construido por Juan Antonio Trasviña y Retes frente a la Plaza de Armas.

Las obras fueron bendecidas el 22 de abril de 1726 en una ceremonia encabezada por el Obispo de la Nueva Vizcaya, Benito Crespo. Las campanas fueron subidas y colocadas por el carcelero de Hidalgo, Melchor Guaspe, en el año de 1798. La obra fue terminada hasta 1826, y decorados sus interiores en 1829. El templo fue identificado durante 182 años como la parroquia dedicada al santo patrono de la Villa, San Francisco de Asís, hasta que fue consagrada como Santa Iglesia Catedral el 8 de noviembre de 1891.

Durante 1726, debido a la creciente demanda de alimentos y hortalizas , de frutas y legumbres, el Ayuntamiento permitió el abasto con vendimias públicas efectuadas en la Plaza Mayor (de Armas) y en la de San Phelipe (hoy Plaza Hidalgo).

Para uso exclusivo de la familia y los trabajadores a su cargo, en 1730 señora Nicolasa de Orio y Zubiate mandó construir la iglesia de Santa Rita.

En 1740 se construyó la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, y en 1973 se autorizó la construcción del actual Santuario, el cual coexistió con la vieja capilla hasta 1860.

En 1751, los jesuitas dieron inicio a la construcción del Acueducto, con la finalidad de suministrar agua a la ciudad de Chihuahua, aunque la obra fue finalizada hasta 1792, con lo cual se abasteció de agua también a San Phelipe el Real.

En 1760 es nombrado Comandante General de las Provincias Internas el Caballero Teodoro de Croix: la Comandancia se encontraba ubicada, en ese entonces, en la calle Ojinaga.

Algunos años más tarde, el 14 de febrero de 1763, el Ayuntamiento, el cura Incapite, y el Rector del Colegio de Jesuitas otorgaron su aprobación para que el hospicio de los franciscanos fuera erigido el Monasterio de esta misma orden religiosa.

En 1767, por Decreto Real del 27 de junio, se prohibieron todas las actividades realizadas por la Orden del Sagrado Corazón de Jesús en todos los territorios de la Nueva España. De Croix participó activamente en la expulsión de los jesuitas del territorio a su cargo.

Asimismo, durante el mismo año, De Croix propuso la demolición del Templo de Nuestra Señora de Loreto con la finalidad de construir la Casa de Moneda en el espacio por ella ocupada.

Con el objeto de embellecer la arquitectura del edificio del Ayuntamiento, en 1770 se inició la construcción de los 13 arcos correspondientes al frente de su fachada, la cual se extendía, entonces, desde la calle Libertad hasta la calle Victoria. Estos terminan de edificarse dos años después, en 1772.

En 1778, De Croix mandó cesar las celebraciones efectuadas a San Felipe, San Francisco y la de Octava de Corpus: no obstante, la celebración de estas festividades fue interrumpida sólo durante el tiempo de permanencia de De Croix como Comandante, pues, una vez salido éste del cargo, se continuó con el cargo con el cumplimiento de las mismas hasta la erección del Estado en 1824, año durante el cual, por Decreto del Congreso local, se suspenden permanentemente estas fiestas

En 1769, Teodoro de Croix acondicionó el edificio que ocupaba el Colegio o Seminario de los Jesuitas (hoy Palacio de Gobierno) para alojar 100 soldados y construir una cárcel para indios, mujeres y reos militares; un pesebre para 200 bestias; un hospital militar, y una escuela de primeras letras.

En 1783, el mismo Teodoro de Croix es nombrado Virrey del Perú.

El mismo año, el Brigadier Felipe de Nevé, Comandante General de las provincias Internas de Oriente y Occidente instaló la horca en la Plazoleta de los Uranga (hoy Plaza José Merino). Ahí eran efectuadas las ejecuciones impuestas por las autoridades judiciales a los sentenciados.

En 1790, el Conde de Revillagigedo destinó el edificio del Colegio (hoy Palacio de Gobierno) para su uso exclusivo como partida y hospital militar. El espacio ocupado por la en aquel entonces cárcel se ubica actualmente en las calle Libertad y 13 (Edificio de la Niños Héroes). La cárcel de mujeres se instaló en las ahora calles 25 y Juárez, donde se instaló posteriormente la Escuela Primaria 225 (ahora Museo del Mamut).

En 1795 se dio inicio a las actividades de instalación del órgano de la Catedral.

En 1797, el Mariscal Pedro de Nava, Comandante General de las Provincias Internas, autorizó el intercambio comercial denominado “tianguis”, el cual programo para los días 1 y 15 de cada mes, con la finalidad de que los habitantes de las comunidades cercanas pudieran asistir a efectuar “cambalaches” con sus productos, frutos y mercancías. El Tianguis era instalado principalmente en la entonces Plazoleta de los Uranga, hoy Plaza José Merino.

En 1803, se instaló el primer reloj público en el frontispicio de la Iglesia Parroquial. Para el mismo año, aun no terminaba de construirse la Catedral.

El 1° de octubre de 1810 se organizó una sección de batallones con soldados procedentes de los presidios, la cual se encontró a cargo del Teniente Coronel José Manuel Ochoa. Estos batallones se desplazaron hacia el sur del país para combatir a los insurgentes encabezados por “El cura de Dolores”.

En 1811, después de ser aprehendidos los 30 principales dirigentes de la guerra de Independencia, en las norias de Acatita de Bajan en Coahuila, éstos fueron trasladados a la Villa de San Phelipe el Real para su encarcelamiento, en el hospicio de los franciscanos.

Únicamente Miguel Hidalgo fue aislado y preso en la torre derecha o campanario de la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto, a la cual le cerraron todos los accesos como parte de su proceso de acondicionamiento como calabozo.

Por corresponder la detención de los líderes de la Independencia a la jurisdicción de la jefatura de las Provincias Internas, cuya sede era la ciudad de Chihuahua, éstos fueron juzgados y sentenciados a muerte durante el mismo año: el 26 de junio fueron ejecutados Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Jiménez, cuyas cabezas fueron cortadas y conservadas en sal.

Después más tarde, el 30 de julio, Don Miguel Hidalgo y Costilla y Gallaga fue fusilado como último en el Patio del Colegio de los Jesuitas (hoy Palacio de Gobierno), a la vera de la Capilla de San Pablo y del Altar Mayor del Templo de Nuestra Señora de Loreto. Fue exhibido sobre una tabla en la Plaza.

de los Ejercicios (hoy Plaza Hidalgo). Justo en el lugar de su fusilamiento, se levantó años después el Altar de la Patria. Ya decapitado, fue sepultado en el Templo de San Antonio, en el hospicio de los franciscanos, ubicado en las ahora calles Libertad y 13. El resto de los héroes fueron sepultados en el panteón de San Phelipe (hoy Parque Abraham González), en el Paseo Bolívar e Independencia.

En 1815, se registró en el Cabildo Municipal la solicitud del jesuita Fray Francisco Joaquín de Arenas para establecer lo que constituiría en primer antecedente de la educación media superior. Para ello, se emplearon las instalaciones del ex convento de los jesuitas, las cuales compartían espacios con el cuartel militar y el hospital que ahí se encontraban.

El 21 de febrero de 1821, el Ayuntamiento dispuso la construcción de un “Parián” con el fin de que las vendimias de comestibles, frutas, legumbres y similares contaran con un local apropiado para instalarse de manera permanente y celebrar sus operaciones diarias. La construcción del mismo inició el 1 de julio.

Durante el mismo año, el Ejercito Realista establecido en el Real de San Phelipe, se adhirió al Plan de Iguala, firmado por Agustín de Iturbide y Nicolás Bravo, y, más tarde, el 20 de Agosto, el Mariscal Alejo García Conde, último Comandante Militar de las Provincias Internas de la Nueva Vizcaya, izó en el Ayuntamiento el Pabellón de las Tres Garantías, pendón empleado por el Ejército Trigarante, con lo cual terminó en Chihuahua la dominación española.

El 19 de julio de 1823, por decreto, el Congreso Nacional Constituye dividió a la Nueva Vizcaya en dos provincias: la de Chihuahua, que iniciaba al sur desde el río Florido, y, al norte, hasta Paso del Norte. La sede del poder de Gobierno se estableció en San Phelipe el Real, a la cual se le otorgó la categoría de “Ciudad”, y conservó por nombre solamente el de “Chihuahua”. Mariano Horcasitas fungió como primer Jefe Político de la recién reconocida ciudad, y celebró la toma de posesión de su cargo el 4 de octubre, en conmemoración de los festejos del nacimiento de San Francisco de Asís, patrono religioso de la localidad. Horcasitas pertenecía a la orden religiosa de los Terciarios, de filiación franciscana.

Fue hasta 1824, sin embargo, que la provincia de Chihuahua se convirtió en Estado de la Federación Mexicana. Se designó como sede de los poderes Estatales y como capital del nuevo Estado a la ciudad de Chihuahua.

El 8 de septiembre del mismo año se instaló e inició actividades la Cámara de Diputados local, la cual tuvo como finalidad inicial conformar la constitución del Estado, misma que fue jurada en 1825. Asimismo, también durante 1824, se estableció al interior del servicio de policía, el Cuerpo de Serenos, organismo destinado a la vigilancia nocturna de la ciudad.

Según el libro “Chihuahua, 250 años” esta fue una de las primeras cárceles en la ciudad de Chihuahua:

En 1825, con el objetivo de iluminar la ciudad, fueron instalados mecheros de manteca. Estos empleaban grasa de ganado vacuno y permanecieron hasta el 3 de septiembre de 1880, cuando fueron sustituidos por los de petróleo, los cuales brindaron servicio hasta 1897.

1826.- el 5 de enero, el Congreso Local decreta la creación en el Estado la primera división territorial con 11 partidos o Distritos, siendo la ciudad de Chihuahua a quien correspondió el Distrito Agustín de Iturbide.

1826.- Durante este año fue acondicionada una de las habitaciones del Parián fue utilizada como “Casa Social de Lectura de Papeles Públicos”, primer local para consulta de libros y antecedente de lo que más tarde constituirían las bibliotecas públicas en la ciudad de Chihuahua.

Además, inició actividades otro de los espacios que habilitaron como Cárcel Pública, el cual funcionó en el exterior del edificio del Ayuntamiento.

También durante 1826, el Congreso Local re decretó la abolición de la esclavitud en el Estado, para lo cual indemnizó a los dueños que liberasen a sus siervos de entre 30 y 35 años de edad con una cuota de $35.00 por esclavo, siendo obligatoria la libertad para cualquier otro siervo no incluido en este rango de edad.

En 1828, el Congreso de la Unión cedió el Ex colegio de los Jesuitas, localizado en la capital del Estado, al Gobierno de Chihuahua.

En 1835 inició labores el Instituto Literario como institución de estudios superiores. Se ubicó en la calle cuarta, esquina con Guadalupe Victoria, y constituyó el primer antecedente de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Durante el mismo año, de acuerdo con un decreto del Gobernador José Joaquín Calvo, se designó el día 4 de octubre para la toma de posesión de los Gobernadores electos, por coincidir esta fecha con el natalicio de San Francisco de Asís, Patrono de la ciudad, a pesar de que, desde septiembre de 1824, el Congreso había prohibido esta celebración religiosa.

Algunos años más tarde, el 6 de abril de 1844, es inaugurado el primer Teatro de la ciudad, acondicionado en las antiguas instalaciones del Templo de Nuestra Señora de Loreto.

Tres años más tarde, con motivo de la invasión norteamericana, y después de la derrota de los chihuahuenses en Sacramento, el mismo espacio del Teatro, así como el cuartel para despachar, son utilizados como bodega de pertrechos militares por el General Alexander Doniphan.

En 1862 se construyó el Teatro de Zaragoza, ubicado en la calle Libertad, cerca de la Plaza José Merino.

Con objeto de continuar con su viaje a Paso del Norte, el 12 de octubre de 1862, el Presidente de la República, Benito Juárez, se instaló en la casa de Gobierno, convertida provisionalmente en Palacio Nacional, la cual se encontraba ubicada en la calles Libertad y Quinta, hoy Museo de la Lealtad Republicana. Para ayudar a solventar los gastos generados por la continuación del traslado presidencial, se vendió la parte del Ayuntamiento correspondiente a la calle Victoria.

1864.- El Parián comenzó a llamársele como el mercado de la Reforma, con motivo de la visita a esta ciudad de tan distinguido visitante el Lic. Benito Juárez.

 

LLEGA EXPO CHIHUAHUA A SU XX ANIVERSARIO, SE UBICA ENTRE LOS 10 MEJORES DEL PAÍS

El Fideicomiso fue constituido en el año de 1998.

Con un promedio de asistencia de 300 mil visitantes por año y una derrama económica anual media de mil millones de pesos, el Centro de Convenciones y Exposiciones, hoy Expo Chihuahua, llega este año 2018 a su segunda década de vida, colocándose entre los diez centros más importantes de todo el país y uno de los más connotados a nivel Latinoamérica.

Es por ello que en el marco de este vigésimo aniversario, se congregarán el próximo mes de marzo empresarios, exgobernadores, exfuncionarios y demás figuras que formaron parte del proyecto inicial y que hicieron aportaciones para que el proyecto se convirtiera en realidad, en un evento que busca redimensionar los servicios de ExpocChihuahua al impulsarlo como un punto de atracción del turismo de convenciones, lo cual redunda en derrama económica para la entidad.

El Fideicomiso Expo Chihuahua fue constituido en el año de 1998 por iniciativa de un grupo de empresarios chihuahuenses con el objetivo de desarrollar un centro de exposiciones que les permitiera incursionar en la industria de las convenciones, reuniones y eventos, inexistente hasta ese entonces en el estado, lo que le permitió a la ciudad y a la entidad entrar a competir al mercado de las convenciones y exposiciones de talla nacional.

Los recursos para la materialización de este proyecto emanaron de dos impuestos adicionales que los empresarios acordaron autoaplicarse, el primero de ellos fue un sobre-impuesto en la nómina y otro en el impuesto predial, con lo que se logró consolidar una bolsa y crear un fideicomiso, y posteriormente una asociación civil, que es la que hasta la fecha se ocupa del manejo operativo del recinto.

En la actualidad, Expo Chihuahua se encuentra en el noveno lugar a nivel nacional en cuestión de dimensiones, pues con todas sus modernizaciones y adecuaciones, cuenta con más de 22 mil metros cuadrados de superficie disponible y con capacidad para atender a 22 mil personas de manera simultánea, sólo por debajo de Cintermex de Monterrey o el Polifórum León, que cuentan con 26 mil y 33 mil metros cuadrados de espacio disponible para exposición o convención, respectivamente.

Durante los últimos años, Expo Chihuahua ha sido referente regional de eventos de corte gubernamental, religioso, educativo, social y de espectáculos como son conciertos, exposiciones, congresos, entre otros, con lo que se estima que ha congregado, a lo largo de estas dos décadas, a cerca de 6 millones de asistentes y gracias al empuje que se le sigue dando y a que la asociación civil que lo maneja tiene la visión puesta en el futuro, es que se puede afirmar que el centro tiene una larga vida por delante, posicionando a Chihuahua en el mercado de las exposiciones y convenciones y generando un polo de inversión que deja grandes dividendos para la entidad.

 

UN AÑO HISTÓRICO PARA EL TURISMO

Avatar de Enrique Madrid Cordero.

Desde el inicio de su administración, el presidente Peña Nieto puso como objetivo hacer del Turismo un motor de crecimiento económico y de creación de empleos, con el fin de convertirlo en un factor de desarrollo social y generador de bienestar para los mexicanos.

Para avanzar en ese sentido, en la Sectur en colaboración con diversos niveles de gobierno, empresas, asociaciones civiles y los trabajadores de la industria, hemos trabajado en una estrategia integral que no se limita a los resultados inmediatos, sino que sienta las bases para un crecimiento sostenible del sector.

Para incrementar el número de turistas, así como la diversificación de nuestros mercados emisores, a través del CPTM hemos implementado una exitosa estrategia de posicionamiento internacional, mediante la realización de eventos y la asociación con marcas y franquicias con exposición a escala global.

En esta estrategia se enmarcan las campañas “Live it to Believe it”, “Mexico a World of its Own”, y las nuevas campañas personalizadas para nuestros 20 principales mercados. También la realización de eventos como el Gran Premio de F1, partidos de la NFL, y fechas de los principales circuitos internacionales de deportes como el salto hípico, golf y tenis, entre otros.

Mención aparte por lo innovador del concepto, merece la colaboración con el gobierno de la CDMX para primero, traer la filmación de una película de la franquicia James Bond 007, y a partir de ahí desarrollar lo que estoy seguro se consolidará como una nueva tradición que provea de esparcimiento y derrama económica para los habitantes de la capital, el Desfile de Día de Muertos.

A las inversiones llevadas a cabo por el CPTM se suman las realizadas por Fonatur para el impulso y actualización de los Centros Integralmente Planeados, como Cancún o Los Cabos, o directamente por la Sectur a través de programas como el de Pueblos Mágicos o el de la red Ángeles Verdes.

Si algo ha caracterizado a esta administración ha sido el lanzamiento de programas sin elevadas demandas presupuestales. Gracias a convenios con otras dependencias oficiales y el sector privado, programas como “Viajemos Todos por México”, “Mejora tu Hotel” y “Ven a Comer”, estos últimos en conjunto con Bancomext y Nafin respectivamente, generan mayor tráfico de turistas e inversión privada sin poner presión a las finanzas públicas.

Bajo esta misma idea, este año lanzamos el programa “Conéctate al Turismo”, el cual proporciona una plataforma tecnológica para que pequeñas y medianas empresas de cada región puedan convertirse en proveedores de los grandes grupos turísticos y así sumarse a la cadena de valor del turismo, generando empleos y bienestar para más mexicanos.

Los frutos de estos y otros esfuerzos están a la vista, gracias a que cada vez nos visitan más turistas cerramos este 2017 como el octavo país más visitado del mundo, y hoy tenemos un sector que representa 8.7% del PIB de México, que es el tercer generador neto de divisas para el país y que sustenta 10 millones de empleos totales.

Tenemos en el turismo una vía efectiva y sustentable para llevar desarrollo a cada vez más mexicanos. Las cifras del Inegi confirman que los municipios con vocación turística tienen en general mejores indicadores socioeconómicos que el resto y que los estados con esa misma vocación crecen y generan empleos a un ritmo mayor que el promedio nacional.

Lejos de conformarnos debemos perseverar en este esfuerzo. México es un mundo en sí mismo, una potencia turística a nivel mundial que tiene todo para convertirse en una nación desarrollada en esta generación. Dependerá de nuestra altura de miras; de nuestra capacidad para trabajar en equipo y, sobre todo, de la creatividad y solidaridad de todos los mexicanos el hacer de éste el mejor México posible para todos.

Muchas felicidades y un exitoso 2018.